Desde un punto de vista formal, la relación entre la situación de las pinturas murales y las concepciones espacio-conceptuales definidas por éstas era tan sofisticada que hizo de ellas obras inigualables durante catorce siglos. Hubo que esperar al trabajo de artistas como Paolo Ucello o Piero Della Francesca para que así lo fuera. Al contrario de la obra de estos eminentes artistas cuyas pinturas fueron producidas para la Iglesia o para la elite de la sociedad, sus homólogos romanos anónimos crearon estas pinturas para interiores domésticos perteneciendo a clases sociales más amplias en torno al comienzo del primer milenio. El hecho de que la mayoría de estas pinturas se encuentran dentro de casas y no en templos o palacios da lugar a una situación única en la historia del arte. La casa italo-romana domus (casa y todos sus habitantes) les proporciona el lienzo social y espacial para desarollarse. Los conceptos modernos de “casa” y de “domesticidad” han torcido nuestra lectura calificándolas de decoración interior.

La sociedad romana se convirtió en la mayor potencia colonial de esta época porque era una sociedad muy organizada. Por lo tanto, es aún muy plausible que esta decoración determinada por un deseo estético individual no existiera o que haya existido al límite de lo permisible o de lo comprensible. Entonces es aún mas plausible que este decorum (lo que es conveniente o apropriado) fuera determinado por imperativos sociales más importantes y contribuyera a la cultura visual de la época. Cuando las pinturas murales de Pompeya y Herculano fueron descubiertas en el siglo XVIII, estos imperativos ya habían dejado de existir desde hace mucho tiempo. Llegaron, en su lugar, a un mundo en el cual la Antigüedad y las versiones retro-pastiches de la Antiguedad se habían mezclado desde hace mucho tiempo. Así, las pinturas en los sitios campanios fueron asociadas inevitablemente a estas decoraciones “estilo antiguo” de sitios influyentes como el Vaticano, Versailles y un gran número de villas y palacios por todas partes en Europa.

El Vaticano, al principio del siglo XVI fue uno de los primeros sitios donde se mostraron interiores provenientes de fragmentos de antiguas pinturas murales romanas. Diferentes fragmentos fueron descubiertos en lo que se pensaba eran grutas. De esta manera fueron conocidas como “grotesco” y los motivos derivados fueron introducidos más tarde en un gran número de decoraciones de interiores por toda Europa. Las grutas resultaron ser los techos encorvados con pinturas de las ruinas del palacio dorado de Nerón (Domus Aurea). Trescientos años después del descubrimiento de estos fragmentos, amplias pinturas murales emergieron de las ruinas enterradas de Pompeya y Herculano. Como los fragmentos descubiertos antes, fueron rápidamente incorporadas a proyectos de decoración de interiores y a objetos manufacturados para el consumo europeo y después mundial. Estas copias y apropriaciones fueron asociadas al “estilo pompeyano” o “estilo imperio”, parte de lo que llamamos hoy Neoclasicismo. Esta asociación mezcla cada vez más pastiches y originales y en el siglo XIX, el lenguage de la decoración interior es utilizado para referirse a los dos. El hecho de que las antiguas pinturales romanas fueran producidas por una civilazación pagana en la cual el arte, la religión y la política se solapaban hasta llegar a confundirse parece haber escapado a la crítica.

 

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Stufetta Vatican decoration ancient style